Muere a los 70 años la leyenda del cine húngaro: Belá Tarr
El mundo del cine está de luto tras confirmarse el fallecimiento de Béla Tarr, el icónico director húngaro, a los 70 años de edad en su natal Budapest. Según informes de la prensa internacional y medios especializados como MeriStation, el cineasta perdió la vida este 6 de enero tras enfrentar una larga enfermedad. Considerado uno de los autores más radicales y respetados de la industria europea, su muerte marca el fin de una era para el cine de autor, dejando un vacío profundo en una comunidad que lo veía como un "misterio" viviente y uno de los directores más importantes de la historia contemporánea.
Béla Tarr se distinguió por una visión cinematográfica que desafiaba las convenciones comerciales. Su estilo, caracterizado por el uso magistral del blanco y negro, atmósferas crepusculares y planos secuencia extremadamente largos y contemplativos, buscaba retratar la realidad humana de la manera más honesta y sincera posible. A menudo comparado con maestros como Andréi Tarkovski o Michelangelo Antonioni, Tarr no solo filmaba historias, sino que exploraba la metafísica y la angustia existencial, alejándose del "artificio" de Hollywood para enfocarse en la esencia de las personas y los paisajes desolados.
La filmografía de Tarr, aunque compuesta por solo 11 largometrajes, contiene obras maestras que son pilares del cine moderno. Destaca especialmente Sátántangó (1994), una épica de más de siete horas que se ha convertido en objeto de culto, y El caballo de Turín (2011), cinta con la que anunció su retiro de la dirección de largometrajes. Gran parte de su éxito se debió a su estrecha colaboración con el escritor y Premio Nobel László Krasznahorkai, con quien creó mundos visuales hipnóticos que redefinieron el lenguaje visual y la narrativa en el cine de finales del siglo XX y principios del XXI.
Más allá de sus películas, Béla Tarr será recordado por su férrea defensa de la libertad creativa y su desdén por los procesos burocráticos de la industria cinematográfica. Para él, los guiones eran simples papeles para calmar a los inversores, mientras que la verdadera película residía en las personas y en la vida misma. Su mensaje a las nuevas generaciones de cineastas siempre fue claro: "¡Sois libres! Estudiad la vida". Con su partida, el cine pierde a un filósofo de la imagen, pero su legado perdurará en cada fotograma de sus obras inmortales.
