¿Cuánto dinero cobró Bad Bunny por cantar en el show de medio tiempo del Super Bowl?
Bad Bunny, el artista puertorriqueño que encabezó en solitario el show de medio tiempo del Super Bowl LX en Levis Stadium, no recibió un pago directo por su actuación, siguiendo la tradición histórica de la NFL. Según reportes especializados, la liga y su patrocinador oficial, Apple Music, cubrieron íntegramente los costos del espectáculo —estimados entre 10 y 15 millones de dólares— destinados a producción, escenografía, iluminación, coreografías, ensayos y logística. Aunque Bad Bunny pudo haber percibido cantidades mínimas por días de preparación y ensayos bajo contratos sindicales, no existió un honorario tradicional por su participación en el evento más visto del planeta.
Esta práctica es habitual en los halftime shows del Super Bowl: artistas de la talla de Beyoncé, Prince, Shakira, Jennifer Lopez, The Weeknd y Rihanna también se presentaron sin cobrar un salario fijo. El verdadero "pago" radica en la exposición masiva: el show de Bad Bunny alcanzó una audiencia récord de 142.3 millones de espectadores, superando cualquier presentación anterior en la historia del evento. Esta visibilidad global genera un impacto incalculable en términos de posicionamiento de marca y legado cultural, especialmente al ser el primer latino en encabezar el espectáculo en solitario.
Los beneficios indirectos para Bad Bunny fueron significativos. Especialistas estiman que, en la semana posterior al Super Bowl, el puertorriqueño generó más de 3 millones de dólares en ingresos adicionales gracias al aumento explosivo en reproducciones de streaming, ventas de música, descargas y oportunidades comerciales derivadas del "efecto Super Bowl". Temas como “Tití me preguntó”, “Safaera” y colaboraciones con Lady Gaga y Ricky Martin experimentaron un repunte inmediato en plataformas digitales, consolidando su dominio en la música latina y global.
Aunque no hubo un cheque millonario por la actuación en sí, el show de Bad Bunny en el Super Bowl LX representa una inversión estratégica en su carrera: la combinación de orgullo cultural, una boda real en vivo y una fiesta latina ante millones reforzó su estatus como el artista más grande del momento. En un evento donde el valor trasciende lo monetario, el reggaetón boricua conquistó el escenario más grande del mundo sin necesidad de un salario directo, demostrando que la auténtica exposición y el impacto emocional valen más que cualquier cifra en el contrato.
